sábado, 15 de mayo de 2010

23 de junio del 2007.


"Ha sido una semana rara, no sólo espesa, como diría un nuevo amigo del cual escribiré un poco más adelante, sino extraña y que puede cambiar mi vida en muchos sentidos. Para empezar vino F. Va a regresar al Distrito Federal a trabajar y a vivir. Por eso el martes vino a la casa. Cuando llamó me alegré mucho y quedó en venir en treinta minutos. No niego que me sentí algo nerviosa después de la última plática que tuvimos, pero también una inmensa alegría, pues él es una gran parte de mi vida, ya he dicho que es mi conciencia, mi confidente, mi jalón de orejas y mi apoyo. Pero nada sexual pasó, hablamos mucho, me contó que ha hecho, le conté que he hecho y opinamos el uno de la vida del otro. Cuando estoy con él me siento muy feliz, segura, en confianza. No sentí en algún momento tensión sexual, ni siquiera tocamos el tema. Disfruto mucho estar en su compañía, me hace reír, pensar y volver a reír. Quiero que así siga siendo nuestra relación: de amistad plena, con la confianza que siempre hemos tenido y sin vergüenzas. Cenamos con mi familia aquí en la casa, él lavó los platos. Me gusta que se lleve tan bien con ellos. Ahora mi nuevo amigo. La semana pasada, al verme nuevamente con las llamadas de los acreedores encima de mí, decidí volver a responder los mails que atendieron a mi anuncio, pero primero los revisé minuciosamente. Atendí tres o cuatro, ya no recuerdo bien, pero hubo uno en especial que, si todo sale como él lo pinta y yo lo deseo, cambiará mi vida en gran medida. H. T. tiene cuarenta años, es del Distrito Federal, pero por diversas circunstancias vive en Monterrey, en la colonia Del Valle, municipio de Garza García. Lleva tres matrimonios, dos divorcios y tiene dos hijos pequeños de su primer matrimonio que viven en el D.F. Es dueño de tres empresas que se dedican al rubro de salud y marketing, junto con su papá tiene un negocio minero en San Luis Potosí. Siempre está viajando, una semana se encuentra en Monterrey y la siguiente divide su tiempo entre San Luis Potosí y el D.F., por eso, pese a no tener ningún tipo de problema con su esposa, decidió hace como tres años que quería tener una amante. La tuvo, pero, como casi cualquier papá, sus hijos son su prioridad y ella no pudo ver así las cosas, por lo cual terminaron, entre otros motivos. Aquí hay dos problemas: el mío de mis grandes deudas y el suyo de la amante. Por eso, según él, independientemente de si nos entendemos para solucionar su problema, él va a solucionar el mío: pagará mis deudas depositando cada semana, pero hay un plus para mí: me recomienda a despachos de abogados, me ayuda a poner mi despacho, me recomienda clientes o bien, en caso de no entendernos, me da trabajo como su abogada, pues no le gusta mezclar asuntos personales y laborales, por eso no es la primer opción. Y hay algo más: es muy guapo, educado, caballeroso, es perfecto. Y aquí viene, aunque no quiera siquiera pensarlo, pero no lo puedo evitar, la pregunta obligada: ¿es verdad tanta belleza? ¿es posible que no esté soñando y alguien que me quiera tanto me envíe este tipo para cambiar mi vida? ¿qué es lo que hecho para merecer algo tan maravilloso? Quiero pensar que todo se va a cumplir, lo estoy pensando en este momento, no quiero pensar, como cuando lo pensé con I. ,que es demasiado para mí, porque se que lo merezco, estire la mano para salir y alguien la tomó. No debo creer que no lo valgo. ¿Qué opino de ser “la amante”? No es algo que me preocupe, siempre he creído que mi vida sería distinta a la de mucha gente, al rol tradicional de estudiar, trabajar, casarse y tener hijos, claro, tampoco pensé en estar con alguien con un compromiso tal que, como dirían en las novelas, me haría vivir en la sombra de su vida, pero hay algo aquí a mi favor, y es que no estoy enamorada de nadie, no lo he estado (el caso de S. no cuenta, era una tonta) y no me estoy entregando a un tipo que me desagrade, pues para colmo de la felicidad, es una gran persona. Sé que algunos, no es que me preocupe la opinión de “algunos”, pero quiero ver todas las vertientes, sé que algunos me podrían preguntar si no me importa que piensen mi familia. No es que no me importe, pero no todos los cursos de las vidas van a ser iguales, sé que hay valores que a uno le enseñan, pero no significa que son obligatorios, después de todo me enseñaron a pensar y decidir, y es mi decisión aceptarlo, aunque reconozco que siempre me prometí no hacer algo que lastimará a los demás, especialmente a mi familia, pero si todo resulta como parece, los beneficios no serían sólo para H. y para mí. Ayer lo conocí, fuimos a un restaurant bar familiar donde hay billar y videojuegos. Jugamos billar y platicamos mucho. Quedamos en vernos el siguiente fin de semana, pues hoy regresó a Monterrey viene el viernes a un evento de sus hijos. Nos mantendremos en contacto vía messenger, dijo que primero solucionaríamos mi problema y después el suyo, lo cual me parece aun mejor. Sólo pido que todo se resulte de la mejor manera, pero que se dé…".

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