miércoles, 19 de mayo de 2010

5 de Septiembre de 2007.


"He pensado mucho y creo que éste es uno de los mejores años de mi vida, al menos de lo que hasta la fecha he vivido; y es que en menos de un año he pasado por experiencias que no había tenido en 26 años, y que manera de vivirlas. El viernes 31 de agosto M. decidió que quería ir a un bar a tomar mucho y bailar, entonces fuimos a un lugar al cual en otra ocasión acudimos, sólo que esa vez nos quedamos solamente un rato. Está en la calle de Filomeno Mata y 5 de Mayo, en una esquina, en el tercer piso. Llegamos y no había mesas, por lo que, cumpliendo una de mis tantas fantasías, nos sentamos en la barra, donde el barthender era un niño como de 25 años, con unos lindos rizos y una mirada y sonrisa angelicales. La noche empezó a transcurrir tranquila, empezamos a coquetear con el barthender, cuyo nombre es Daniel, inclusive nos dijo que cerraban a las 4 o 4 y media, que hasta qué hora lo íbamos a esperar. Sin embargo, quizá fue el alcohol que comenzó a hacer efecto en nosotras, pero de repente nos encontramos bailando con cualquiera que estuviera sin bailar, aceptando las invitaciones de todo aquel que nos lo pedía, tipos que iban con sus amigos o solos, pero que vieron que bailábamos e íbamos solas; nos sentíamos la reina de la primavera y su princesa. Llegó un momento en que los tipos nos tiraban la onda, al menos yo no le hice caso a alguno, M. si, pero era un niño encantador. Había un tipo que bailaba increíblemente bien, iba solo, otro medio atolondrado que si quería algo conmigo, pero lo ignore en ese sentido, yo sólo bailaba, unos que eran hermanos, otro que iba con sus amigos y precisamente de éste se prendó M. al grado de besarlo en medio de la pista, justo cuando no había alguien más que ellos bailando. También hubo momentos en que nos sentábamos a beber de nuestra cerveza y nos rodeaban como 5 tipos¡ Como a las una de la mañana el lugar estaba a reventar, llegó un grupo de españoles con quienes también congeniamos y nos divertimos, una pareja polaca a quienes M. les dio su mail, una pareja hermosa la cual me fascinó, él varonil, como de 40 años, ella bellísima, como de 37 años, bailaron salsa mirándose siempre a los ojos, como si se estuvieran seduciendo, fue impactante y enriquecedor verlos. Me parece que nunca me había divertido tanto como en esa ocasión, en un lugar sin pretensiones, gente sencilla que se iba a divertir, si podía ligar bien y si no también, sin falsas poses, en el corazón de la ciudad, en pleno centro histórico. Como a las 4 de la mañana, sin creer que el tiempo se hubiera pasado tan rápido, el coqueteo continuó con Daniel, quien, con toda la naturalidad del mundo, como si hubiera estado invitando un café, después de insistirle en un show de medianoche, un stripper, sugirió irnos a un hotel, pero como a mi linda amiga se le había ido su galán sin despedirse y vió que yo andaba algo mareada y que sólo atiné a anotarle mi celular y mail en una servilleta, sólo quedó en broma y nos fuimos M. y yo a nuestras respectivas casas. Pero mi sorpresa fue grande al ver que no llevaba mis llaves, pude entrar a mi casa porque estaban mis papás, pero nunca hallé esa noche las dichosas llaves. El fin de semana platiqué con M. y recordamos que dejó su paraguas, por lo que decidí darme una vuelta el lunes, al fin él, al ver que nomás no nos íbamos a ir con él, me dijo que podía ir cuando quisiera, que él cerraba de lunes a miércoles a las 7 y estaba solo. Y si, efectivamente, estaba solo cundo fui, y lo primero que me dijo al verme fue que había perdido mi servilleta porque la tiraron a la basura y no se di cuenta. Platicamos mucho y entre broma y broma terminamos bailando y besándonos, y de verdad que qué besos¡, no me había besado nadie así, con ternura, paciencia, tomando mi rostro con sus manos, durante mucho tiempo, sin manosearme, sólo besándonos durante mucho tiempo, para después dar paso y rienda suelta a la pasión, pero interrumpiendo de vez en cuando para volver a besarme. Y no puedo evitar la comparación, lo que para Irving es esencial para él resultó complementario; lo que para Irving sólo es para mantenerme contenta, para Daniel fue la base de ese encuentro. Y todo ocurrió en el bar, mejor que en la más alocada de mis fantasías. Me acompañó al metro, siempre atento y, ya con mi número anotado en su celular, quedamos en hablarnos para volver a vernos, aunque le dije que el sábado lo voy a esperar hasta el cierre para “secuestrarlo”. Ayer le llamé, me preguntó cuando iría nuevamente y quedamos hoy. No hubo pasión pero si me contó su vida y esa mirada y su sonrisa de niño que reflejan inocencia es sólo es, pues no tiene inocencia alguna. Tiene 24 años, cumple los 25 el 26 de septiembre, tiene una hija de dos años, la relación con la mamá de su niña duró cuatro años, apenas tiene mes y medio que se separó de ella porque su trabajo en el bar y la inseguridad de ella no fueron buena combinación; el bar es de su primo y Daniel se encarga de los tragos, los empleados, es el encargado del lugar; desde los 18 años ha llevado una vida muy disipada, en la aventura y el desmadre total, teniendo muchos y muy variados empleos, acepta que su vicio son las mujeres (su frase es: “soy hombre de una sola mujer, pero tengo cuerpo para muchas”) y el alcohol, éste último en ocasiones en exceso, por lo que acude a pláticas de AA, pero no piensa dejarlo, sólo controlarlo. En fin, que tiene más experiencia que yo y no es la estampa de inocencia que me convencí solita, y por lo mismo, por lo tierno de sus besos y sus atenciones, empecé a sentir miedo, miedo a enamorarme de él, pues es completamente distinto a todos los que yo he tratado, eso pensaba antes de este día, y no obstante que no resultó como yo creí, si es diferente a lo esperaba y estoy acostumbrada, la forma de llevar su vida, su forma de ver hacia adelante y con la cual me identificó en esta nueva faceta positiva de mi vida, me dejaron con una muy buena impresión, pero también creo que lo que hoy hizo fue leerme la cartilla, algo así como decirme “sólo podemos ser amantes, amigos, no soy romántico y tengo compromisos, pero podemos divertirnos”, y se la compró, me voy a arriesgar a tener una aventura con él, a ser amigos y tener sexo, además besa riquísimo, y el sábado iré al bar, esperaré hasta el cierre y lo traeré a la casa. Siempre me atrajeron los tipos intelectuales, aquellos que me pueden enseñar y quienes representen el reto de vencerlos en sus terrenos de conocimiento, pero es el círculo que frecuento, ahora, ante Daniel, el tipo que se toma la vida con mucho aliviane, a quien admiro por su valor de llevar así su vida, es eso lo que me gusta de él, representa lo que no he podido ser, lo que quise ser por 26 años y fui lo opuesto, pero no me arrepiento de nada, creo que lo conocí en estos momentos por algo, y voy a descubrir para qué, aunque sea sólo para pasar buenos y divertidos momentos".

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