"Las cosas no resultaron como yo hubiera esperado con mi nuevo amigo, en realidad ni ocurrieron, la última vez que hablé con el fue el viernes anterior a éste, iba a pasar el fin de semana con sus hijos y nos veríamos el lunes, pero no supe más de él. Supongo que tendrá sus razones, todos las tenemos, pero yo sigo en las mismas y con los problemas más intensos, incluso ahorita tengo los ojos hinchados, no se si es derivado del exceso de pastillas que he tomado toda la semana por los dolores que me provoca el nacimiento insistente de una muela del juicio, lo que también me ha llevado a estar tan sensible en muchos aspectos que he tenido crisis emocionales tan intensas que pensé por un momento en el suicidio, pero eso ya lo narraré más adelante, o bien, al estrés provocado por las llamadas de los acreedores, que si bien no parecen surtir un efecto negativo, quizás en el fondo no sea así y en realidad lo manifieste de esta forma. El martes, tal vez al darme de cuenta de que mi gran “cambio de vida” no sería posible, empecé a sentir intensos dolores en una muela del juicio al grado de sentir dolor en el oído, pero, para variar, no tengo dinero para acudir al dentista a que la saque, por eso he tenido que estar tomando mucho medicamento que sólo me aturde, pero ha habido algo bueno, he perdido peso, claro, he tenido un genio súper amargado, pero no se puede todo en la vida. Al llegar a mi casa recibo las noticias de los acreedores y, ya tiene tiempo que percibo una actitud por parte de mi mamá algo, ¿cómo llamarla? ¿distante?, en cuanto a ese tema se refiere, por ello al venir a la casa comencé a llorar con intensidad y mil ideas aparecieron en mi cabeza, pensé en qué pasaría si me tomada todo lo que tenía en mi botiquín, claro no pasaría nada, pues la mayoría son analgésicos y vitaminas que nunca tomo, pero también me pregunté si, además de mis papás por obvias razones alguien lloraría mi pérdida, la verdad no hay nadie en quien yo haya dejado huella, nadie que sienta mi ausencia porque le haga falta, mis papás se consolarían juntos y aun tienen a M. quien a su vez tiene a C. En ese momento sentí, aun lo siento, pero ya no me duele tanto, una inmensa soledad, me di cuenta de que hace mucho tiempo nadie me abraza, no hay alguien con quien yo pueda conversas de mis sentimientos y emociones, si ya se que si alguien, quien sea lee esto diría “yo siempre estoy ahí para lo que necesites”, pero no es así, todos tenemos mil problemas que resolver, yo no voy a ser uno más. También sentí un gran vacío espiritual, durante algún tiempo intenté buscar explicaciones a muchas cosas, creí tener fe, pero me ha ido peor, creo que hasta dios se olvidó de mí, tal vez quiere que no me meta en sus asuntos y por eso dejó de meterse en los míos. Pues así es de ahora en adelante. De pronto me di cuenta de que, si la felicidad consiste en hacer lo que uno quiere sin lastimar a los demás, yo no he sido feliz, pues he hecho las cosas como los demás han esperado que las haga, he seguido patrones de vida que ni siquiera me cuestioné si era lo que yo quería, dejé ir oportunidades o, dicho de otro modo, no me atreví a actuar de un modo porque a los demás no les pareció o les provocaba dolor, pero ¿qué hay sobre mi? ¿no se supone que quien iba a padecer lo bueno o malo era yo? Al fina estoy sola, insatisfecha con mi vida y sin haber conseguido algo concreto, y no o digo porque esté en una crisis de alguien cercana a los treinta años, eso no me afecta, en realidad considero, lo he dicho muchas veces, que a partir de esa edad mi vida tomará otro rumbo, pero he pensado, esa noche lo hice, ¿por qué hasta los treinta años? ¿y si muero antes? Ya sea porque así estaba escrito en algún lugar o porque yo decida acabar con mi vida, antes de eso debo hacer las cosas, debo ser feliz, sentirme feliz y no arrepentirme de nada. El día que tomé la decisión de convertirme en otra sentí un inmenso dolor en el centro del pecho, o era muscular sino espiritual, sentí queme dolía el alma, pues bien, el martes que pensé en la posibilidad de tomarme todas las pastillas que encontrara en mi casa, por una fracción de segundo estaba convencida de hacerlo, en es momento me dolió el mismo lugar, no se si fue miedo, coraje o que, sólo se que las dos decisiones más trascendentales en mi vida, hasta este momento,me han dolido, que nadie me venga con el cuento de que son los caminos fáciles, porque eso sólo significa que nunca han pensado llevarlo a cabo. Ahí mismo tuve una conclusión sobre uno de tantos temas que me inquietan, suelo causarme dolor, acostarme con varios tipos, no obstante que paguen es lastimarme, quitarme la vida es lastimarme, me lastimo constantemente, no entiendo porque, ¿acaso no me amo? No lo se, no lo creo. Por otro lado, soy egoísta en mis círculos, no puedo entrelazarlos como el caso de mi amiga M., no puedo ya contarle que me pasa, ella está ocupada con sus cosas, y pese a estar juntas todo el día, no platicamos de aspectos personales, por eso al terminar la jornada laboral no quiero irme con ella a tomarme un café y contarle mis penas, pues, además, ella termina contándome las suyas, es un pequeño defecto que tiene de no escuchar, creo que yo también lo tengo, pero con ella guardo silencio y mis asuntos quedan relegados a los de ella. Por otro lado está F., quien tiene conceptos de vida diferentes, en algunos casos coincidimos, pero ella tiene ese concepto de éxito que yo he desechado, además es un poco necia, está bien, es el estereotipo de un buen abogado, ella es una abogada de éxito, pero no pienso como ella, así que tampoco puedo confiarle mis problemas. Y Nancy es una buena compañera, pero sólo eso. También pensé en que no he vivido realmente, leo mucho, se muchas cosas, pero, como dicen en una película, nosé a que huelen las ciudades sobre las que he leído, no he sentido, probado, experimentado vivido sus calles, y eso no se puede comparar con nada y me duele no haber vivido plenamente. El sábado, ayer, tuve una reunión con algunos de mis ex compañeros de la secundaria, gente con la que estuve los tres años que duró ésta y, si bien reafirmé mis ideas de felicidad, pues las vi reflejadas en ellos, también me percaté que no disfrute plenamente mi paso por la secundaria, pues hubo cosas que ni recordaba, cosas que no experimente, viví en la competencia, en la idea de ser mejor que los demás, en no romper las reglas, siempre seguirlas. No jugué basketball, no me fui de pinta, no tuve novio, no fui a las fiestas, no recordé el nombre de los demás alumnos de los otros grupos, no fui a excursiones, de verdad que no viví al cien por ciento esa etapa y jamás la podré recuperar. Lo que recuerdo es que, como se dijo ayer, esa escuela nos marcó, nos formó, pero también nos quiso implementar ideas de éxito que algunos siguieron, otros no, y algunos nos perdimos en la confusión de quien soy, que quiero y a donde voy. Se acabó, voy a ser feliz, definitivamente no lo soy ahorita y debo tomar las medidas que correspondan: buscaré otro empleo, al principio era genial éste, pero ya no, lo he repetido mucho, pero no lo he escrito: antes era un pez chico en una pecera grande, ahora soy un pez grande en una muy pequeña pecera, necesito admirar a mis jefes, no sentir que son unos idiotas, lo cual demuestran cada día; terminaré convencida mi tesis, pero sólo para iniciar la especialidad, quizá en penal, pues retomaré esa inquietud de la criminología, sólo son dos años, suficientes para alternarla con el inicio de mi nueva vida; seguiré en este negocio del sexo porque debo cubrir mis cuentas, el tipo de Monterrey desapareció, pero hay muchos más, ni modo, seguiré mi instinto para evitar malos rollo, pero no más una víctima; seré feliz, soy feliz. Ayer me sorprendió y despertó mi admiración algo que supe de un ex compañero, A.: estaba estudiando Ingeniería, no recuerdo en que, pero cuando el faltaba un año se dio cuenta que no era lo indicado para él, se salió y empezó a estudiar psicología en la UNAM, a la fecha va entrar al doctorado, ¿no es increíble? Es una gran lección que tomaré para ser simplemente yo…".
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