sábado, 8 de mayo de 2010

El inicio en el 2007.

"Soy una mujer llena de ilusiones, sueños... y deudas. Desde que terminé la universidad y entré a trabajar mi estilo de vida lo volví elevado: cosméticos de marca, perfumes, discos, mil objetos que llenaron mi ego y vaciaron mi cartera. Por ello decidí sentirme la protagonista de la novela de Xavier Velasco, “Diablo Guardián”, Violeta, pero para llegar a ser como ella tendría que haberme criado como ella: en un ambiente hipócrita, con principios que ni sus propios padres siguen y una ambición que va más allá de cualquier valor. Pero no fue así, me educaron bajo los principios de luchar por lo que deseas, pero siempre con la conciencia tranquila, sabiendo esperar los momentos y las personas adecuadas, sin hacerle a los demás lo que no te gustaría que te hicieran. Y agradezco lo anterior, pero cuando mis deudas comenzaron a incrementarse quise mandar al demonio toda mi educación, carecer de remordimientos y conciencia, y de ahí surgió la experiencia menos esperada de mi vida, intensa y, ¿porqué no decirlo?, aquella que me hizo conocer mi lado oscuro, ese que todos tenemos y del cual nos podemos avergonzar, pero mientras no caigamos en él no podemos saber hasta que punto somos capaces de llegar por un objetivo sin tener que ser necesariamente un mártir, una víctima de las circunstancias, pues puede llegar a gustarnos más de lo que creemos, pero después, como dice mi amiga Penélope, viene la “cruda moral”, pero eso es precisamente lo que nos enseña quienes somos en verdad, o bien, quienes no somos.

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Cuando vi que no era suficiente con mi sueldo de empleada cubrir al menos los pagos mínimos requeridos comencé a vender zapatos, lencería y abrigos por catálogo, pero tampoco fue suficiente, pues llegaba la quincena y no sabía si pagaba o compraba mercancía, la cual daba en pagos. Una noche, después de analizar para que soy buena además de mi actividad profesional, y buscando algo que fuera rápido y fácil, decidí entrar a internet y buscar algún anuncio que me diera lo que estaba buscando: dinero. Y lo que encontré fueron ofrecimientos de servicios sexuales, de todo tipo, hombres, mujeres, masajes, etc., pero había uno que me dio la idea que cambió mi vida, no tanto como yo hubiera querido, pero lo hizo en muchos sentidos. Una chica había puesto lo siguiente: “Soy una chica de 26 años que se metió en problemas económicos, si me ayudas me convierto en tu amante. Nos conocemos y si no te gusto como si nada”. Después de leerlo decidí publicar uno muy parecido, y justo cuando fue publicado, como a la una de la mañana, a través del messenger, empecé a recibir los primeros mensajes de sujetos interesados que llegaron a ocasionarme una de las mayores crisis emocionales que he tenido, al grado de entrar en estado de histeria. No pensé en los alcances de mi correo, las intenciones de la gente que lo iba a ver, no sabía como manejarlos, eran hombres con deseos sexuales y dispuestos a pagar. El primero que me contactó dejó entrever, toda vez que yo era nueva en este negocio, que me quería ver y fornicar conmigo diario, que podía enamorarse de mí y no dejarme ir. Ante este panorama me espanté, sentí que no era mi cuerpo lo que iba a vender, sino mi vida, después de todo se ofreció a pagar la suma total de mis deudas y había que establecer un tiempo para estar con él, y dijo dos años. Otro sujeto comenzó a dirigirse a mí con palabras soeces, no se si las profesionales hablan así siempre, pero entendí que su agresividad deriva del trato que les dan los mismos clientes, deben ser ágiles con la mente para tenerlos controlados y no se pasen de listos".

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