viernes, 17 de septiembre de 2010

Reflexiones bicentenarias.

En medio de un laaaargo puente festivo, con un confuso sentimiento de patriotismo, pero también de tristeza por las circunstancias bajo las cuales me tocó celebrar los 200 años del inicio de la independencia (con minúsculas, ustedes disculpen), llega el momento en que no puedo escapar más de mis propios pensamientos, por más que los oculto entre las sábanas y la almohada, intentanto dormir, de un modo u otro insisten en salir y no me queda más remedio que dejarlos, pero se atiborraron tantos y durante tanto tiempo que dudo pueda encontrar lógica en mis palabras, aunque lo intentaré, esperando un buen resultado.
Hace dos meses cumplí 30 años, hace mes y medio me reincorporé al mundo laboral, nuevamente en la administración púbica y manteniendo un bajo, muy bajo perfil. No lo voy a negar, yo buscaba empezar de nuevo, quizá sea absurdo, con 7 años de experiencia profesional querer iniciar de cero, pero lo necesitaba, y lo estoy consiguiendo, poco a poco, sin ruido, sólo trabajando. Hago mi mejor esfuerzo, pretendo retomar los estudios, quiero una maestría, mínimo una especialidad. Este año, que es el tiempo de vigencia de mi contrato, los últimos tres meses y fracción, pretendo enderezar mi vida, encausarla de modo tal que el 2011 lo inicie con un plan definido, con bases, recursos que no den lugar a arrepentimientos.
En mayo, hasta mayo, dejo la administración del edificio donde vivo, no es mi intención, bajo ninguna circunstancia, seguir en ello, Es otro tema que me provoca estres, siempre supe que así sería, nunca di por sentado que habría facilidad en mi desempeño, pues se trata de organizar a más de 100 personas, una comunidad así, con sujetos de diversos intereses e idiosicrancias, donde lo que parece un interés común resulta un mero revanchismo, no es sencillo de llevar, sobre todo cuando no es una sola persona quien lo hace, que tiene sus pros y sus contras, a veces parecemos equipo, otras parezco su mandadera, sólo resta respirar, hacer lo correcto, se que mi contribución pasará desapercibida, no espero las gracias, mi conciencia sabe que estoy haciendo lo que debo y eso, la menos para mi, es lo que cuenta.
Hace un mes tengo novio. Aun no me acostumbro a la idea, quizá porque es la primera vez que tengo una relación de este tipo (Milhouse no cuenta), y es sugestivo el asunto, estoy tan acostumbrada a estar sola, disponer de mi vida y mi tiempo como mejor lo considere, y me da la impresión que las relaciones no son así, ya no eres tu solamente, hay alguien más, y me resulta complicado predisponerme a esa idea, a contrario sensu, siento que pierdo mi libertad, aun cuando no sea así y él me o haya dicho de todos los modos posibles. Una siempre sueña, creo que todo ser humano, con ser amado, aunque este aspecto ya lo había discutido en otra ocasión, sobre amar o ser amado, pero bueno, el punto es que alguien me quiere, y yo le correspondo a mi modo, es difícil, queremos que nos amen del mismo modo que nosotros lo hacemos, pero cuando es al revés, nos justificamos, justo como yo lo estoy haciendo ahora. En el libro "Mal de amores", de Angeles Mastretta, Emilia se debate entre el amor de Daniel Cuenca, un espíritu libre y ferviente seguidor de la revolución, y el de Antonio Zavalza, el médico del pueblo, tranquilo, estable. Al final ella se queda con ambos. Creo que he encontrado a mi Antonio Zavalza, pero no se si esté dispuesto a aceptar un Daniel Cuenca como complemento de nuestra vida, de mi vida, que no es uno sólo, se integra por aquellos que han alimentado mi existencia y de quienes ya he escrito en diversas ocasiones.
Nadhya, como Mr. Hyde insiste en salir a flote, yo, como el Doctor Jekyll lucho contra esa inevitable transformación, pero tarde o temprano saldrá a flote y nada podré hacer, y dudo querer evitarlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario